Después de pasar más de 8 meses en Australia, donde estuve viviendo por un año, decidí irme a pasar unos días a Melbourne, con la intención de conocer esta ciudad, de la que tanto me habían hablado. Además, una de mis mejores amigas se había ido recién a vivir allá, así que obviamente lo hacía mucho más interesante. Sólo bastó un día para enamorarme de la ciudad, de sus alrededores, y por sobretodo, de su gente y de sus curiosos personajes. Barrios coloridos, bohemios y una ciudad llena de identidad. Realmente un destino imperdible si pisas este país.

Llegué a Sydney, y sin pensarlo mucho, me quedé ahí. Nunca consideré mudarme a Melbourne porque el clima era mucho más frío, y los eternos días lluviosos no me seducían mucho. No es que no me haya gustado Sydney, es más, es una de las ciudades más lindas en las que he vivido y estado en mi vida. Pero la verdad es que hay una parte de mí que siente que hubiese encajado mejor en Melbourne o “Melba”, como le llaman los australianos. Pero bueno, como no hay primera sin segunda, tendré que volver algún día y vivir la experiencia de conocer la ciudad desde adentro, y no como una visitante.

Para mí, Melbourne es perfecta. Tiene todos los ingredientes necesarios para convertirla en una ciudad ideal para mí: bohemia, repleta de ofertas artísticas y festivales para todos los gustos; llena de parques y un río precioso que ilumina la ciudad. No podría encontrarle nada negativo, más allá del complicado clima, que es conocido por fastidiar a sus habitantes. En un día, un “melburiano” (sí, lo acabo de inventar) pasa por las cuatro estaciones. Pero creo que eso no arruina el hecho de que la ciudad es demasiado entretenida, y siempre hay panoramas y distintas cosas por hacer.

Si algún día decides ir a Melbourne, estos son mis top 5, que a mi gusto, son los atractivos más imperdibles…

  1. Pasar un miércoles por la tarde-noche a pasear por el Queen Victoria Market, en el centro de la ciudad. Allí, se reúnen todas las semanas, los ciudadanos, turistas y visitantes a disfrutar de una feria gastronómica, con música en vivo y entretenidos puestos de comercio, donde puedes encontrar ropa, joyas y todo tipo de decoración. No sólo es lindo, si no que el ambiente del lugar es completamente vibrante, y la comida, EXQUISITA!queen-victoria-market
  2.  Caminar, perderse y disfrutar de los murales y los bares de Fitzroy, el ecléctico centro bohemio de Melbourne. En sus calles se mezclan elementos alternativos, artísticos y modernos. Brunswick Street, es quizás su avenida más importante, y en ella encuentras las tiendas más curiosas y choras de la ciudad. Además está repleto de estudios y galerías de arte, que valen la pena de ver. Se complementan con el colorido arte urbano. Las tiendas vintage y de segunda mano ofrecen prendas interesantes. Sus cafés de moda, restaurantes y ruidosos bares sirven desayunos todo el día y cobran vida al anochecer.melbourne4
  3. Ir a almorzar y conocer St. Kilda, el barrio más cerca del mar de Melbourne y que tiene una onda muy interesante, un poco parecida a la de Fitzroy. El balneario, solía ser el centro turístico costero para la elite refinada de Melbourne, pero hoy es valorada por todos los habitantes de la ciudad gracias a su ambiente independiente, y se ha vuelto el suburbio costero preferido. Aquí podrás escoger entre salir a caminar, andar en bicicleta y patinar por la rampa que bordea la playa o navegar, hacer windsurf o kitesurf en el agua. En St Kilda Breakwater es posible que veas pequeños pingüinos. Visita el icónico Luna Park, escucha música en vivo en el Palais Theatre o el Esplanade Hotel y no te pierdas el mercado de artesanías los domingos. Además está el festival que se realiza todos los años en verano, con música y arte, gratuito para todos lo que quieran asistir.melbournetres
  4. Como obviamente vas a recorrer el centro y el jardín botánico, que son preciosos también, no los voy a poner en mi lista y me voy a saltar altiro a los suburbios. Melbourne no tiene playas muy lindas, como es el caso de Sydney u otras ciudades importantes de Australia. Pero aún así se las ingenia para tener playas que se hacen imposibles de no querer conocer. Ese es el caso de Brigthon, un pequeño suburbio a las afueras de la ciudad –como una hora en tren– donde lo más atractivo de ver son sus coloridas casitas de colores, que están instaladas en la playa. Cada una de estas “casitas”, cuesta hoy en día alrededor de 1 millón de dólares, y son muy famosas en Australia. Actualmente se usan como bodegas.melbourne5
  5. Por último, uno de los lugares que más me gustaron de Australia, y que realmente me conquistó, fue la Great Ocean Road. El camino costero que recorre más de diez playas a las afueras de Melbourne. No está cerca, se necesita un auto para recorrerlo bien, y poder llegar tranquilo a los Doce Apóstoles. Al principio, admito que no le tenía mucha fe, pero cuando llegué a punto de inicio, me enamoré del lugar. Los Doce Apóstoles, son unos pilares de piedra caliza que emergen del Océano Antártico en el Parque Nacional de Port Campbell como centinelas nobles, con rasgos marcados que denotan su procedencia antigua. Hace 20 millones de años, estaban unidos a los acantilados de la zona continental. Las olas y el viento los erosionaron y los convirtieron en cavernas, después en arcos y, finalmente, los azotaron hasta transformarlos en columnas que se elevan hasta los 45 m de altura. Como son doce figuras, se les denominó así, convirtiéndose en uno de los centros turísticos más importantes del sureste del país. Además, como si fuera poco, las playas son paradisíacas y están prácticamente vacías. También se puede dormir ahí –que es lo que yo hice– en parques ecológicos, donde hay cabañas y sitios de camping, rodeado del bosque de la zona, donde puedes compartir con koalas. De verdad, cien por ciento recomendable!!

Aquí les dejo fotos de cada uno de estos lugares. La primera playa, una de mis favoritas en el mundo, se llama Loch and Arche, no te olvides de ir si pasas por Melbourne.

Y si eres vegetariano –o no, da lo mismo en realidad– tienes que ir a conocer el restaurante “Lentil as anything”. Hay cuatro en la ciudad, pero el más lindo y conocido es el que queda cerca de Fitzroy, que antiguamente era un monasterio, y que hoy es uno de los restaurantes vegetarianos más ricos, choros y lindos de Australia. ¿Y lo mejor? No tiene carta ni precios, uno deja un aporte voluntario, según lo que puedas y quieras pagar.