Hace tres años me fui a vivir a Sydney, Australia. Estando allá, constantemente buscaba oportunidades para ver a grandes actores australianos, que yo sabía que vivían y trabajaban ahí. Una de ellas, mi actriz favorita: Cate Blanchett. Así que cuando supe que daría una entrevista pública, con la famosa periodista Ann Summers, obviamente partí corriendo a comprar mi entrada para estar ahí y poder conocerla. Aquí, parte de lo que habló esa noche.

“Nunca fue mi intención hacer un trabajo cinematográfico para volverme famosa o con el objetivo de conseguir algo”, explicó Cate Blanchett. Talentosa, dueña de una elegancia y belleza que la ha convertido en un referente de glamour, probablemente lo que más llama la atención de su personalidad es su simpatía, humor y simpleza. Bien lejos de ser otra diva más de Hollywood.

Proveniente de un país alejado de todo el mundo, que le ha entregado al cine grandes talentos como Geoffrey Rush y Nicole Kidman, Blanchett es enfática en precisar que su intención como actriz nunca fue llegar a Hollywood. “Cuando terminé la escuela no tenía un plan en particular. No pensaba que debía hacer tal o cual trabajo para ser exitosa o que si era rechazada en un casting, estaría destinada al fracaso. Mi carrera ha sido ecléctica, porque hacía lo que me ofrecían y me interesaba hacerlo, más allá de lo que conseguiría gracias a ello”, cuenta.

Además, Blanchett no siempre supo que lo suyo sería la actuación. Cuando salió del colegio, estuvo un año estudiando economía, hasta que finalmente decidió abandonar eso para entrar al National Institute of Dramatic Arts, la escuela de actuación más prestigiosa de Australia.

“Me encantaría decir que decidí ser actriz al ver una actuación de Meryl Streep o algo así (se ríe), pero la verdad es que mi primera aproximación con este mundo fue cuando era pequeña y vi por casualidad una presentación de Frank Thring, un actor australiano muy conocido acá. En un momento su bigote falso se le cayó, y mirándolo al suelo gritó ‘maldito producto japonés’. Yo no entendía mucho, pero ese simple hecho tan poco predecible y ese sentido de riesgo me llamó mucho la atención, y es algo que hasta el día de hoy amo de mi profesión”.

Su primera experiencia como actriz fue como sustituta en una de las compañías de teatro más importantes de su país, la Sydney Theatre Company. “Recuerdo que mi agente me dijo, ‘sabes que no necesitas hacer esto’, y yo le respondí que sí, que debía hacerlo, porque era una oportunidad de trabajar con grandes actores, lo que me haría aprender mucho sobre el oficio”.

Finalmente, esa consistencia y amor hacia el teatro y la actuación terminó llevándola a lugares que nunca habría imaginado; a trabajar con los mejores directores del mundo, incluyendo Martin Scorsese y Woody Allen. “Lo hice porque me interesaba y quería trabajar, no porque pensé que me iba a servir de algo. Mi única meta en la vida cuando salí del colegio era trabajar en algo que me permitiera viajar por el mundo. Sinceramente, creo que cuando uno persigue su pasión, el resto del camino se revela por sí solo”, explica.

Y no es difícil creerle. Cuando estaba en pleno apogeo de su carrera, después de haberse ganado un Oscar a mejor actriz secundaria por su rol de Katharine Hepburn en “El aviador”, Blanchett tomó la decisión de retirarse de la gran pantalla para asumir junto a su marido, el dramaturgo Andrew Upton, la dirección de la compañía de teatro que la vio nacer como actriz.

“Fueron cinco años en los que solo hice teatro, y fue una experiencia que me ayudó a mejorar como actriz. Cuando uno trabaja en cine, pierde esa conexión inmediata y la relación tan directa con el público. Para mí, ese feedback es fundamental”.

Blanchett siempre ha sido una fiel defensora de los derechos de las mujeres. Incluso admite haber sentido discriminación cuando estuvo como directora en la Sydney Theatre Company. “Mujeres inteligentes como Hillary Clinton, e incluso en su momento la reina Isabel I, tuvieron que lidiar con críticas por atreverse a hablar frente al público, algo que es considerado masculino, como si ese no fuese un espacio para nosotras. Es muy importante quitarle el estigma al feminismo, como si se tratara de algo malo”.

Otro tema que le concierne a Blanchett, y que se ha convertido en un problema global, es la crisis humanitaria debido a la preocupante suma de refugiados en el mundo. “Me preocupa mucho el mensaje que le estamos enseñando a nuestros hijos. Les enseñamos el respeto y la tolerancia, pero al mismo tiempo como país no lo estamos practicando. Cuando yo crecí, en Australia celebrábamos el hecho de ser un país multicultural, de mente abierta y compasivos. Creo que ahora no estamos transmitiendo eso respecto los refugiados”, dice.

Esta entrevista salió primero en Revista Cosas.