Bélgica Castro: “El teatro es nuestra vida”

Con 94 años y una trayectoria que cualquier actriz desearía tener, esta gigante de la actuación no piensa en el retiro. Nos asegura que el amor hacia su profesión es lo que la mantiene viva y anuncia que está en perfectas condiciones para volver a subirse a las tablas este año.

Son las cuatro de la tarde y Bélgica Castro junto a Alejandro Sieveking están sentados en su comedor del departamento que comparten frente al cerro Santa Lucía, con un cigarro en una mano y un café en la otra, mientras Atiocha Caramacho, su gato, se pasea soberano por el comedor. Ella tiene 94 años y él, 81. Llevan casi 60 años juntos y todavía parecen dos adolescentes enamorados.

Con un sentido del humor que suele escasear en estos días, la pareja parece no darse cuenta de lo que sus nombres significan en la historia del teatro. Ella es la actriz más longeva de las tablas en nuestro país y además es considerada una de las mejores de su generación. Él es uno de los dramaturgos más relevantes de la escena local. Pero a pesar de todos los reconocimientos y premios que han recibido, ellos siguen siendo dos humildes actores, que sueñan con continuar aprendiendo y trabajando en lo que más aman. “Para nosotros, el teatro es nuestra vida”, confiesa Bélgica.

La historia comenzó así: Bélgica Castro era una joven estudiante de pedagogía cuando decidió incursionar en este oficio, probando suerte en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Nunca imaginó que ese hobby se convertiría en su trabajo y pasión, ni mucho menos en su hogar.

“La inocente” fue su primer montaje con esa compañía. A pesar de no haber estudiado teatro, la actriz fue uno de sus fundadores. “Yo estaba en el Pedagógico estudiando y empecé a ver lo que hacían y lo encontraba fantástico. La primera vez que entré sentí de inmediato que ese era mi lugar y comprendí que la actuación era lo mío”, recuerda con nostalgia.

De ahí en adelante, todo fue en ascenso. Se convirtió rápidamente en una de las actrices más populares y su nombre en las carteleras teatrales era sinónimo de éxito y calidad. “Ir a ver actuar a Bélgica era un lujo”, comenta Alejandro.

Pero no todo era felicidad en la vida de Bélgica Castro, ya que un accidente la dejó inmóvil por un largo tiempo causándole no solo el quiebre matrimonial con el también actor, Domingo Tessier, sino que se tuvo que alejar del teatro por un tiempo. Después de eso partió a Uruguay a actuar, y cuando decidió volver a Chile comenzó hacer clases en la Universidad de Chile. Fue ahí que un joven de apenas 19 años se enamoró platónicamente de ella, sin imaginar que después terminarían casándose.

belgicacastro“Yo tenía como 34 años y Alejandro estaba en primer año de la escuela. Yo estaba haciendo una obra donde él era comparsa y un día se acercó para mostrarme una obra que había escrito”, recuerda Bélgica mientras Alejandro la interrumpe: “Yo me había enamorado de ella como espectador cuando la vi en ‘Tío Vania’, de Chéjov, cuando yo aún estudiaba arquitectura”. Poco tiempo después, surgió el amor y nunca más se separaron.

  • ¿Cómo fue para ti asumir que te habías enamorado de alguien 14 años menor?

Cuando estaba haciendo “Mama Rosa”, mis compañeras de elenco me hicieron el medio escándalo: que cómo era posible que estuviera saliendo con él. Incluso, me llamó el director para que nos juntáramos en el hotel Crillón y me dijo que era muy peligroso lo que estaba haciendo. A mí nunca me importó. Yo jamás fui una persona que pensara mucho en el futuro o que me importara lo que la gente dijera de mí. Después él se fue de gira por ocho meses y decidimos seguir juntos igual. Nos mandábamos cartas siempre y nunca perdimos el contacto.

  • ¿Cómo ha sido su relación desde ese entonces?

Pololeamos como seis años y decidimos casarnos. Fue muy divertido porque la señora del Registro Civil nos dio un discurso eterno y medio ridículo sobre el amor y nuestros padres estaban muy emocionados. Nosotros estábamos muertos de la risa con lo que estaba diciendo. La verdad es que siempre hemos sido muy cómplices. Bueno por lo mismo llevamos 53 años casados. Obviamente discutimos como cualquier pareja, pero en verdad no somos picotas, entonces jamás hemos peleado por algo grave. Puras tonterías. Además, somos igual de desordenados, entonces nos entendemos perfecto.

  • Has actuado con muchos actores a lo largo de tu carrera. ¿Cuál es para ti el mejor?

Obviamente Alejandro… (se ríe). No, hablando en serio, creo que el mejor actor de Chile fue Agustín Siré. Era increíble.

  • ¿Y mujer?

A mí me gustaba mucho actuar con la María Cánepa, la Carmen Bunster, la Kerry Keller y la María Maluenda, que era bien amiga mía.

  • ¿Cuál fue la primera obra de teatro que hiciste junto a Alejandro?

Fue “Parecido a la felicidad”, en el año ’59, y fue la primera obra dirigida por Víctor Jara. Después de eso, no paramos más, y hemos hecho mucho juntos. Fundamos la compañía Teatro del Ángel e incluso nos fuimos a Costa Rica por muchos años. Ya ni me acuerdo de todas las obras que hemos realizado. Alejando siempre escribió personajes para mí y me ayudó a ampliar mi registro, gracias a él pude hacer roles más variados como el de “Ánimas de día claro”.

  • ¿Qué sentido tiene el teatro para ustedes hoy en día? ¿Van a ver obras habitualmente?

Ahora ya no voy mucho, por mi salud, entonces no puedo opinar de lo que hay dando vuelta. Eso sí, nosotros hemos hecho algunas cosas. La última obra que hicimos fue “La dama boba” y “Todo pasajero debe descender”. Ahora este año esperamos estrenar el último trabajo de Alejandro, “Pobre Inés, sentada ahí”, que la dirigirá Rodrigo Bazaes y donde también está como actriz y productora la Paty López.

  • ¿No te cansas de trabajar?

No. Partí actuando a los 19 años y nunca he parado. Ahora tengo 94, aunque no se me nota. Es como si tuviera 93 (se ríe). Tengo la agilidad para seguir actuando, tengo buena memoria y mientras pueda, lo seguiré haciendo.

  • Y hablando de cine, donde también han tenido la suerte de trabajar juntos, ¿cuál es tu cinta favorita?

Mi favorita fue por lejos “La vida me mata” y “Gatos viejos”. Fue muy divertido y lo pasamos súper bien con Alejandro. En la primera me reí mucho haciendo de la muerte. Además Sebastián Silva, el director, nos dejaba jugar mucho en las escenas y creábamos hartas cosas nosotros. Ahora, creo que la mejor película en la que ha estado Alejandro es «El club», me emocionó mucho verlo ahí. Además hacer cine es lo más fácil que hay. La responsabilidad es menor, porque es el arte del director. El mérito es de él.

  • ¿Qué opinas de las nuevas generaciones de actores. Crees que se han perdido un poco en esta llamada “sociedad del espectáculo”?

Nosotros hemos tenido suerte, porque hemos trabajado con grupos de lolos estupendos. Actores muy aperrados y todos muy mateos.

  • Vivieron 12 años en Costa Rica. ¿Cómo recuerdas esos años allá, donde fundaron el Teatro del Ángel que sigue funcionando hasta hoy?

Nos fuimos después del golpe militar y decidimos trabajar allá junto a la compañía Teatro del Ángel. Al principio fue un poco difícil porque los actores eran poco profesionales, pero con nosotros fueron poniéndose las pilas… Incluso el Ministerio de Cultura nos consiguió un préstamo para abrir un teatro donde hicimos hasta café concerts. Fue fantástico, aunque difícil, porque no teníamos presupuesto. Hacíamos malabares para sobrevivir. A veces, hasta hacíamos más de un personaje en la misma obra, pero aún así nos fue bien. Recuerdo con mucho cariño mis años allá. Hace poco volvimos, por un homenaje que nos hicieron por el precedente que marcó el Teatro del Ángel en el teatro independiente. (Se emociona).

  • ¿Alguna vez sentiste envidia de otros actores por tu éxito?

Cuando actuábamos con Víctor Jara, se hizo un grupo entre nosotros tres y hacíamos muchas cosas juntos, entonces a algunos actores eso no les pareció muy bien.

“Una vez nos fuimos a Nueva York con ‘La Remolienda’ porque nos invitaron a hacerla allá. Era como el ’68. Un cazatalentos le ofreció quedarse allá con contrato y todo, pero la Bélgica dijo que no, porque estaba feliz haciendo lo que le gustaba en Chile. A algunas actrices del elenco eso no les gustó y se picaron un poco”, recuerda Alejandro.

  • ¿Se sienten reconocidos por su trabajo?

belgicacastro2El hecho de que tu revista se interese por nosotros significa harto. Nos sentimos lo suficientemente reconocidos. A mí a veces me dan hasta besos en la calle. Lo que para mí es un cariño correspondido, porque nosotros amamos al público y recibimos su cariño en la calle.

  • ¿Qué anécdotas recuerdas de tu carrera?

Una vez estábamos saliendo de un lugar y una señora se acerca a mí y me dice: “Señora África, dígale a su marido que es demasiado interesante”. Yo me morí de la risa. En otra ocasión una señora me agarró en la calle y me preguntó: “¿Usted no era una actriz que había…?”. ‘¡Cómo que había, sigo estando!’, le dije yo.

Es que no solo están vigentes. Se sienten activos. Y disfrutan su día a día. “Tratamos de salir harto, porque nos gusta el gentío, estar en lugares con vida. El mundo pasa al lado de uno, uno solo tiene que mirar. Pasan personajes por cientos. Llevamos 53 años viviendo juntos y siempre nos hemos entretenido mucho. Todas las noches nos tomamos un trago y conversamos de la vida. Siempre tenemos de qué hablar. Y si falta tema, nos encantan las series inglesas. ‘Downton Abbey’ la hemos visto religiosamente”.

Esta entrevista salió primero en Revista Cosas.

 

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